jueves, 22 de agosto de 2013

¿Quiénes son los cajamarquinos?


Los cajamarquinos viven entre nosotros pero no nos pertenecen. Son libres como el viento que los transporta siempre a comarcas cada vez más lejanas. Se van pero vuelven constantemente a la dulcedumbre de su querencia y terruño.  

Durante el Carnaval, beben en la misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen de su música. Y cantan con los ojos cerrados, y el corazón abierto, como si estuvieran soñando.

Toman en  serio los chistes y hacen chistes de lo serio.  No creen en nadie y, sin embargo, creen en todo. 

¡No se les ocurra jamás discutir con ellos! Todos los cajamarquinos nacen con  sabiduría congénita. No necesitan leer. ¡Todo lo saben!  No necesitan viajar. ¡Todo lo han visto! Son algo así como el pueblo elegido... por ellos mismos. 

Los cajamarquinos se caracterizan individualmente por su simpatía, alegría e  inteligencia y, en grupos, por su apasionamiento y bullicio.

No se puede precisar a ciencia cierta si son cajamarquinos, cajachos o cajamarqueses (pues a nadie se le ocurriría llamar “dinamarquinos” a los daneses). 

Aman profundamente a su tierra, son regionalistas y muy orgullosos de sus costumbres y tradiciones. Saben que Cajamarca fue el lugar preciso donde Dios besó a la Tierra después de crearla. Y, además, es el único departamento del Perú que se creó a sí mismo por una revolución.

Se enorgullecen de haber aplastado la arrogancia militar chilena en la Batalla de San Pablo durante la Guerra del Pacífico, de haber protagonizado en 1924 una revolución socialista con Osores, Benel y Del Alcázar, y de ser la cuna de las rondas campesinas.

Cada uno de ellos lleva en sí la chispa de los genios y todos sabemos que los genios no se  llevan bien entre sí. Por ello, reunir a los cajamarquinos es fácil, pero unirlos es casi imposible. 

No les hables de lógica, pues eso implica razonamiento, prudencia y mesura. Y  los  cajamarquinos son hiperbólicos, metafóricos y exagerados. Por ejemplo: no te invitan a comer al mejor restaurante del pueblo, sino al mejor restaurante del mundo.

Cuando discuten, no dicen: “¡No estoy de acuerdo contigo!”, sino: “¡Estas  completamente equivocado!” 

Los cajamarquinos aman tanto la paradoja y la contradicción que llaman “monstruos” a  las  mujeres hermosas y “bárbaros” a los eruditos. 

Los cajamarquinos ofrecen soluciones antes de saber el problema. Para ellos nunca hay problemas. Y consideran que Cajamarca siempre es más grande que sus problemas. 

Todos los cajamarquinos saben qué es lo que hay que hacer para eliminar el  terrorismo, la pobreza, la corrupción, el hambre, pagar la deuda externa, elegir bien al próximo presidente peruano y lo que todo país necesita para llegar a ser una potencia mundial. 

Ellos no entienden por qué los demás no les entienden, cuando sus ideas son tan sencillas. Y no conciben por qué la gente no conoce sus modismos y su forma peculiar de hablar. 

 Tienen los ojos llenos de la hermosura de su paisaje y de sus mujeres. Para ellos, el valle de Cajamarca es una verde belleza horizontal y la llaman “La Esmeralda de los Andes”.

¡Ah... los cajamarquinos! No puedes vivir mucho tiempo con ellos, pero también es  imposible vivir sin ellos.

Por eso, conócelos, respétalos y déjalos ser… ¡cajamarquinos!

 

Carlos Velásquez Sánchez

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