miércoles, 31 de julio de 2013

LA LECTURA EN SAN MARTÍN

Luis Ordóñez

No hay razón de asombrarse, porque la conducción a la no lectura viene desde tiempo atrás y se ha ido sembrando progresivamente; ahora se está cosechando.

Primero: En las presentaciones de libros, en las ferias de libros, en las bibliotecas, los grandes ausentes son los docentes de comunicaciones, salvo honrosas excepciones. Ni qué decir de docentes de otras especialidades. Los grandes ausentes también son los padres, ni qué hablar de los hijos.

Segundo: Ante una solicitud de que la Dirección Regional Educación (DRE) comprara libros de un autor regional, la respuesta de la directora regional fue: “No hay presupuesto para comprar libros; en cambio, usted como autor podría donar a la DRE; de esa manera hacer llegar a los alumnos”.

Tercero: No hay presupuesto para adquirir libros de autores regionales, quizá por los precios bajos de cinco, diez, quince nuevos soles; pero sí, para la adquisición de textos escolares que superan los cien nuevos soles y que provienen de la capital.

Cuarto: Los alumnos no tienen tiempo para leer. Claro, para leer no hay tiempo, pero sí, para pasar horas y horas en el internet, profiriendo palabras soeces, jugando a la matanza, a la violación, a la brutalidad, participando de pornografías. Tienen tiempo de sobra para estar en pandillas delictivas, con el pretexto alfabético de pertenecer a equipos de la A, de la Z, de la U, de la SH. ¿Y los padres? Mirando el cielo nebuloso, para ver si tal vez lloverá.

Quinto: Los padres no tienen dinero para comprar un libro, son “pobrecitos”; claro, no hay dinero para adquirir un libro de diez nuevos soles; pero, el padre sí tiene para comprar “chelas” tres por diez y no pasa nada.

Sexto: Los alumnos son “pobrecitos” no tienen dinero; claro, no pueden comprar un libro de diez nuevos soles; pero, sí tienen para ir a las cabinas de internet para maltratar su frágil mente, por montos que superan los diez nuevos soles mensuales.

Séptimo: Los padres se molestan cuando el profesor induce a los alumnos a comprar un libro, porque supuestamente no tienen dinero para esas cosas, peor si son de autores regionales; porque con o sin esos libros los alumnos son iguales.

Octavo: Hay críticos de autores regionales, que indican supuestas falencias en las impresiones y en la calidad de los textos o narraciones. Claro, entonces, no hay que comprar libros regionales, sino libros de autores del otro lado de la frontera. “Ellos sí son excelentes autores”.

Noveno: ¿Está bien que las impresiones de los pocos libros del gobierno sea tan lujosas? ¿La calidad del libro está en el papel? ¿No sería mejor la impresión en material común, para abaratar los costos y que el libro llegue al mayor número de lectores? ¿Qué es lo que se pretende?

Décimo: La educación básicamente se adquiere mediante la lectura y la investigación. ¿Por qué entonces se ponen trabas a la lectura de los niños, de los jóvenes?

Décimo primero: Sugerencia: Definir una política de lectura. Que la DRE coordine con las UGELES para que los alumnos de la región lean autores regionales, nacionales e internacionales. En ese orden; pero, leer o leer. Hacer un monitoreo y supervisión del cumplimiento de este acuerdo. Los padres de familia deben comprar sí o sí los libros regionales propuestos por los docentes.

Décimo segundo: Qué bonito: “Hijo vaya a leer”; no sería mejor “Hijo, vamos leyendo juntos”. La educación, el hábito a la lectura comienza en casa. Claro, no hay tiempo para leer, porque el padre tiene que pasar horas y horas jugando a las cartas o bebiendo “quinientín” en las cantinas. La madre, mirando la novela, que el jovencito, que la Natacha, que ya la besó, está embarazada, le está sacando la vuelta, etc, etc. El hijo suelto en plaza, también se va a las cabinas de internet, a ocupar las veredas de las calles en masa, mejor dicho a no hacer nada, menos a leer. Así es la lectura en San Martín.

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