miércoles, 6 de marzo de 2013

LA ALDEA Y LA COMARCA

Luis Ordóñez

En un país que se vanagloria de democrático, hay una aldea, conformada por quienes se creen sabiondos, donde campea la mafia y la corrupción. Las autoridades de hoy son los críticos de las autoridades de ayer. Aquí, todos los gobiernos se manejan en la mafia y la corrupción; en cambio, las autoridades de hoy, según los críticos de la ciudad, son los protagonistas de las mafias más inimaginables y donde todos los actos están enlodados de corrupción, muy similar a la época de Sodoma y Gomorra. Los nuevos ingresantes a la aldea, hacen promesa de “cumplir los mandatos del gobierno, sí o sí”, al margen de los títulos y grado. En suma, en esta aldea, la dignidad de las personas simplemente no es tomada en cuenta, solo la “orden” del gobierno. Pero, dentro del manojo gubernamental, hay un “apu”, que según los nuevos ingresantes, es el que “maneja” al grupo del gobierno, con sus “ideologías maquiavélicas”, que siempre le dan resultados, favorables a sus intereses. Tal es así, que la aldea está llena de sus familiares y nadie debe decir nada, “calla, calla, ahí viene el apu”, se dicen los insignes primerizos ante su repentina llegada.

   En la ciudad hay una comarca, donde viven también algunos miembros de la aldea. Las órdenes del gobierno de la aldea no siempre son acatadas por ellos. Entonces el gobierno de la aldea maquina extender sus poderes a esta comarca.

   Se dan las elecciones “democráticas” en la comarca. El “apu” de la aldea mueve los hilos y con las autoridades de la comarca negocian el órgano electoral, con ofrecimientos laborales: 2 mayores y dos menores. Los dos mayores son hijos de la aldea; y por supuesto, reciben las órdenes del gobierno de la aldea, a cambio de algunas monedas y cargos.

   La orden al órgano electoral es precisa: “El candidato 100 no debe ganar, es peligroso para nuestros intereses. Con él no se podría cumplir el plan que tenemos para la comarca”.

   El órgano electoral cumplió fielmente: Le quiso asignar 7 números (mientras al otro candidato 1 número). Le denunció ante las autoridades por hacer publicidad. No le dejó hablar en público, en un debate abierto, sólo porque quiso exponer con proyector multimedia. No entregó constancia a su personero. No entregó acta a su personero luego del escrutinio de mesa. No contabilizó las votaciones en fotografía del candidato 100. El órgano electoral se encerró por cuatro horas a solas, sin ningún personero, para el conteo final. Hizo firmar las actas del conteo final después de dos días de las elecciones.

   El órgano electoral superior de la capital confirma la resolución del órgano electoral, porque dice ve las actas de las mesas firmadas. “Pero no entregaron a los personeros como dice la norma” reclama un comarquino. También, confirma porque 2 personeros de 3 existentes firmaron el acta del conteo final. “Pero, ninguno de los tres personeros estuvo en el acto de conteo final. Eso lo sabemos y vimos todos los comarquinos”, increpa alguien. “Además, esos dos firmaron el acta del conteo final, sin estar en el acto, sino, los hicieron firmar dos días después de las elecciones, cuando el órgano electoral superior de la capital lo pidió”, aclaró otro. “¿Con todas estas gruesas irregularidades, el órgano electoral superior de la capital confirmó la resolución?” Preguntó un incrédulo ciudadano. “Para que usted vea y comente caballero” responde otro. Y, “¿Cómo va quedar en la historia la vida de la comarca?”; “Este es el inicio de la corrupción, ojalá algún día, de nuevo regrese a la vida normal, llena de valores, y ejemplo de moralidad del país”, añade un ciudadano. “¿Y cómo quedará el órgano electoral?”, “Quedará cargando su CRUZ, hasta el final de sus días, porque vendió la dignidad y la moral de la comarca, a cambio de unas monedas o algún cargo en la aldea”. Ahora la comarca ya es brazo de la aldea. El “apu” se imagina manejando con sobriedad la aldea y la comarca, con su cáustica risita endemoniada. La mafia y la corrupción siguen extendiéndose. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde?

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