miércoles, 26 de agosto de 2009

RUMBO A LOS:100 AÑOS DE FRANCISCO IZQUIERDO RIOS


Por: Lic. Enrique Silva Zafra

NUESTRO HOMENAJE

Desde mi condición de docente de la I.E “Antonio Raymondi” de Saposoa y asiduo lector del MAÑANERO, que va más allá de la información. Nos interesan los acontecimientos actuales y sus consecuencias, desde luego, pero además nos interesa lo que se proyecta en el futuro de San Martín, lo que se propone y la hago mía para mejorar nuestra sociedad, lo que se piensa para elaborar nuestro porvenir. Esto también es noticia.
En esta tónica, quiero hacer una línea, una corriente, un camino que nos lleve a un buen puerto con ideas y planteamientos; con ello quiero mantener una opinión no protagónica, sino de interés cultural e identidad localista y regionalista.
Por eso en este mes de agosto que conmemoramos los 99 años del nacimiento del más alto exponente de la literatura saposoìna, sanmartinense y por ende amazónico, nos referimos a Francisco Izquierdo Ríos; quien vio la luz del mundo el 29 de agosto de 1910; para dejarnos el más legado cultural, sus obras, con una honda y profunda corriente localista y regionalista. Por eso, estamos caminando Rumbo al CENTENARIO DE SU NACIMIENTO.
Panchito, como le gustaba que le llamaran sus amigos, además de crítico de la sociedad, inspiró en su obra y su vida una ética y un ideal de porvenir regional que estan por encima de su ideología. Y eso es lo más importante. Dedicar sus horas fatigadas por su labor de docente a amar nuestras costumbres, tradiciones, nuestra gente, nuestros bosques, ríos y quebradas de nuestra realidad con una descripción clara en su narrativa. Cómo no recordad “El Bagrecito”, cuento que nos relata que nos traslada a nuestra realidad geográfica cuando el bagrecito decide partir desde su poza natal en la comunidad de San Andrés (caserío de Saposoa), donde vivió cerca del bosque, los pájaros y las quebradas; para ingresar al río de las mil vueltas, el río Serrano. Río que divide la ciudad y desemboca en uno más grande, el Saposoa. Su partida estaba decidido, continuar su marcha y lograr su propósito, el mar. Es así que llega a un río mucho más grande, el Huallaga donde agotado decide hacer un alto para lamer el cerro de sal, Pilluana. Sin lugar a dudas es la región San Martín. Luego llegó al río madre, el Amazonas; en ella estuvo a punto de perder la vida, gracias a un paiche, pero con perseverancia y sacrificio logró llegar al mar. Esto es un acto de superación que sin lugar a dudas es un fiel reflejo de su vida, pues hemos de decirle que nuestro celebérrimo escritor fue galardonado en 1963 con el Premio Nacional de Fomento a la Cultura “Ricardo Palma” con su obra “El Árbol Blanco” y llegó a ser funcionario del Ministerio de Educación siendo su jefe fundador de la Sección de Folklore, y presidente de la ANEA, entidad que la dirigió con visión cultural. Estando en ella no se olvidó de su San Martín ni de su Saposoa añorada, como muchos otros lo han hecho.
Durante mi formación universitaria en la Universidad Nacional de Educación “Enrique Guzmán y Valle”, uno de mis profesores, otro grande de la literatura peruana, el Dr. Cèsar Toro Montalvo, me narró una anécdota de mi escritor favorito, Izquierdo Ríos: “Yo lo conocí en circunstancias cuando aún no pensaba publicar mi primer libro de poemas. Por entonces no tenía máquina de escribir y tenía escrito varios poemas a mano. Como ya era mi amigo cierto día, en la Casa de la Cultura- cuando se desempeñaba como jefe de Publicaciones, acudí a él. Eran las 10 a.m, lucía su camisa crema impecablemente planchada, y su corbata granate que lucía holgada. Luego de saludarlo con afecto, lo primero que hice fue pedirle que me prestara su máquina de escribir, que en esos momentos estaba desocupada. Izquierdo Ríos, me dijo- ya Torito, tómalo, es tuyo. Así inició nuestra larga amistad. En una oportunidad con la confianza que ameritaba pues era una persona querendona de su pueblo y muy regionalista, amante de sus costumbres, de su comida, de sus tradiciones.
Caminando un día por Lima antigua divisó desde la calle y en una tienda de viejo un mapa inmenso del Perú. Al verlo tuvo la corazonada y le entró la curiosidad de ver si en él figuraba por si acaso el nombre de su pueblo, que nunca aparecía en ningún otro documento, por lo humilde de su comarca. ¡Grata sorpresa fue la suya! Figuraba el nombre de Saposoa, que significa, "lugar de sapos", estampado en letras mayúsculas aunque pequeñas, hecho que juzgó extraordinario. Le brotaron las lágrimas. Al ver esa emoción el tendero le cobró una fortuna. No le importó. Pagó sin rebajar siquiera. Pidió que lo enrollaran y lo llevó directamente a su oficina, en la Casa de la Cultura situada cerca de la Iglesia de San Francisco. Consiguió clavos, martillo, prestó una escalera y él mismo colocó el inmenso y destartalado mapa detrás de su escritorio. Para señalar dónde se ubicaba Saposoa, en la provincia de Huallaga, del departamento de San Martín, situado en el extremo superior del Perú, consiguió una caña o carrizo que ocupaba un rincón de la oficina, y que antes de conversar traía siempre para tenerlo a mano. Como en todo fabulador a cada amigo que llegaba nos contaba historias de personajes, animales y plantas y señalaba ya sin voltear la arcadia donde todo eso acontecía.
– "Tal y cómo figura con letras mayúsculas en el mapa del Perú" –era su corolario o la frase de siempre con la cual rubricaba sus relatos.
Dos amigos que trabajaban con él, cuyos nombres me reservo por ser ambos destacados autores literarios, conversaron entre sí de este modo:
–Si borramos el nombre de su pueblo va a tener que sacar este mapa.–Y botar ese carrizo que da mal aspecto a la oficina.
Una tarde que él salió arrimaron muebles y sillas, uno de ellos subió y con una navaja muy delicadamente raspó las letras donde decía SAPOSOA.
Se desengañaron porque él seguía siempre señalando el sitio automáticamente y sus oyentes no se preocupaban en leerlo desde abajo. Ya impacientes uno de ellos le dijo un día:
–Pero ¿dónde está Saposoa, don Francisco?– Aquí. ¡No lo ves o eres ciego!–La verdad que no lo veo.–¡Aquí está, donde el mapa consigna!–Yo no lo veo.–Yo tampoco, dijo el de más allá.–Tienen que medirse la vista o cambiar de lentes.–¡Señáleme pues! A ver, ¿dónde está?
Y por más que buscó ya no figuraba Saposoa. –¡Ah, zamarros! ¡Jijunas! – despotricó – ¡Me han borrado el nombre de mi pueblo en el mapa! ¡Desgraciados! –Y cogió una tabla persiguiéndolos.
Tuvieron que desaparecer de la oficina por unos días. Pero él a la mañana siguiente trajo una brocha, tinta y a todo lo ancho del mapa puso el nombre de Saposoa, reafirmando categóricamente con letras furiosas su identidad”.
Sin embargo hasta ahora nuestras autoridades no han hecho nada para laurear al más alto exponente de las letras amazónicas del Perú, a pesar de que nuestro escritor y docente nunca renunció a sus raíces. Per ello desde este espacio quiero alcanzarles algunas iniciativas o ideas que nunca es tarde para dejar bien grabado su nombre: a nivel regional denominar el año 2010 “Año del Centenario del Nacimiento de Francisco Izquierdo Ríos”, imprimir centenares de sus obras para ser leídas en todas las II.EE de la Región San Martín; la carretera de penetración Sacanche- Saposoa puede denominarse “Autopista Francisco Izquierdo Ríos”; a nivel local (Saposoa) se puede hacer un Mausoleo trayendo los restos del gran Panchito, como se hizo con su amigo José María Arguedas (Lima-Andahuaylas), una de las principales avenidas de Saposoa puede llevar su nombre, también el I.S.T de Huallaga puede cambiar por la de nuestro paisano. Bueno a nivel nacional el Ministerio de Educación puede denominar a los Juegos Florales Escolares Nacionales 2010 “Francisco Izquierdo Ríos”; porque estuvo por más de 40 años al servicio de la niñez en las tres regiones del Perú. En fin nuestras autoridades regionales y locales pueden viabilizar a través de los medios de comunicación masiva (El Peruano, El Comercio, La República, TvPerù, etc.) puedan dar espacios en su sección cultural: reportajes e informes especiales por dedicarnos bellísimas páginas con motivos peruanos en: Días Oscuros; Mateo Paiva, el maestro; Belén; Gregorillo; El Árbol Blanco; El Colibrì con cola de pavo real; Muyuna; Gavicho; Cuentos de Adàn Torres; Voyà; En la Tierra de los Àrboles; Mi aldea; La Literatura Infantil en el Perù, Cèsar Vallejo y su tierra, Pueblo y Bosque; entre otros. Por su puesto que el diario de mayor circulación regional VOCES debe ser el pionero a nivel regional y está en la obligación de hacerle un justo homenaje.
Nuestras autoridades tienen la última palabra para organizar un justo homenaje; porque estamos rumbo a los 100 años del nacimiento de Francisco Izquierdo Ríos, quien escribió de modo natural y sencillo, como crece la hierba. Y aquí entre lo escrito se ve la luz de la hierba, sus obras, lamentablemente desperdigada que debemos rescatarla dando pasos en el camino de frecuentar más su obra e ir poco a poco integrándola a la noble tarea de identificarse con nuestro destino como país, glorioso en el pasado, desafío en el presente y henchida promesa en el porvenir como lo dijera el poeta Mario Florián.

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